Fulcanelli, enigmático personaje de mil y una caras

Fulcanelli, pseudónimo detrás del cual se esconde un enigmático personaje, del cual poco se sabe y más de una hipótesis de diferentes investigadores, trata de ponerle nombre y rostro real.
Dejando atrás estas polémicas que si bien fueron promovidas por el propio Fulcanelli para evitar ser desenmascarado, centrémonos en lo que realmente sabemos. Y es el hecho de la aportación valiosísima que hizo en el campo del simbolismo alquímico y la arquitectura de la Edad Media, desentrañando parte de sus secretos.
Sin duda, Fulcanelli en esta tarea contó con la inestimable ayuda de sus conocimientos, llenos de secretos alquímicos profundos. Al parecer en sus últimos momentos de acción, tuvo miedo de ser descubierto mientras hacia sus investigaciones filosóficas y decidió desaparecer en 1925.
Se le perdió el rastro hasta el 14 de junio de 1940, donde durante la invasión nazi de París, se ponía en contacto con el ingeniero, químico, alquimista, espía y escritor, entre otras cosas, el francés Jacques Bergier (coautor con Louis Pauwels, de El retorno de los brujos), para avisarle de la existencia de agua pesada (agua radiactiva, sustancia estratégica durante el desarrollo de los primeros reactores nucleares), en unos influyentes laboratorios de París, base de las investigaciones para la construcción de la bomba atómica.
Después de este acontecimiento desaparece hasta que Kenneth Rayner lanza el rumor de que posiblemente este viviendo en las cercanías de Sevilla, y que tenga en su poder algún tipo de fórmula magistral, que le permitiera conservarse sorprendentemente joven; posiblemente esa fórmula magistral pudiera ser la ansiada piedra filosofal, no utilizada para la transmutación de los metales si no como verdadero elixir de la juventud eterna.
Cuando Rayner comunicó esta posibilidad, Fulcanelli rondaría ya la edad de 143 años, y ahora en el año 2009, contaría con los sorprendentes 169 años.
Dejando al margen teorías difícilmente demostrables, lo más seguro que Fulcanelli fuera el seudónimo utilizado por algún polifacético personaje de la época. La realidad es que Fulcanelli dejó un discípulo, Eugéne Canseliet, y algunos historiadores han atribuido los escritos de Fulcanelli a J.H Rosny, hijo de Canseliet.
También se especuló que Fulcanelli era el artista Julián Champagne, que mantenía algún tipo de relación con los franceses Hermanos de Heliópolis. Sin embargo, el nombrado dibujante falleció en 1932, sin que en su tumba se encontrase nada referido a Fulcanelli.
Otros autores, lo han encasillado lógicamente, como discípulo del mismísimo Nicolás Flamel e insisten que al igual que éste, también descubrió el secreto alquímico de la piedra filosofal, años más tarde que su maestro pero antes de 1930. Estas son algunas de las hipótesis pasadas que llegaron a nuestros días.
Más contemporáneo a nuestro tiempo, hay quien habla que incluso un organismo de primer orden en defensa e investigación, como el FBI se ha interesado por Fulcanelli, ya que al parecer se cree que está en su poder un valioso manuscrito de Roger Bacon, en el cual están registrados la formula de la fisión y la fusión nuclear.
Todo este lío se complicó aún más con la desfachatez del autor del libro La tabla de esmeralda (Latable dénmerande), del tal Pierre Dujols, quien se presentó como el mismo Fulcanelli, con el fin de promocionar su libro.
Considerando el estilo de La tabla de esmeralda, es muy diferente a la obra conocida de Fulcanelli, El misterio de las catedrales o Las moradas filosofales. En todo este asunto vemos sospechosamente muchos personajes franceses sueltos, la cual cosa nos da pie ha hablar en un futuro artículo, de la francmasonería.
Foto vía: conojosdecristal
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