La maldición de Tutankamón, el comienzo

Mónica Abanoni | Septiembre 16th, 2009 Sin Comentarios »
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howard-carter-tumba-tutankamonLas palabras que contienen la letra K, es bien sabido que son palabras cargadas de simbolismo y profundidad que traspasan el espacio y el tiempo, llegando hasta nosotros bien cargadas de poder. Como ejemplo podemos citar las palabras, Karma y Kabbalah, entre muchas otras que contienen la letra enigmática K.

La cuestión que nos ocupa hoy, es la misteriosa maldición que giro entorno a la tumba del enigmático faraón de Egipto, Tutankamón. Casualidad o no, en 1922, todos los miembros de la expedición encabezada por el inglés Howard Carter, al poco tiempo de descubrir la tumba del hasta entonces poco conocido Tutankamón, fueron atacados uno tras otro por extrañas enfermedades.

Todo empezó cuando un canario amarillo, posesión de Howard, él cual era como un fetiche de buena suerte para la expedición, se murió devorado por una cobra; la serpiente de los faraones, símbolo de la realeza. Los obreros ya toman este suceso como un elemento de mal agüero, y cuando Carter y Carnarvon (apasionado por la egiptología, mecenas de Carter) se preparan para abrir la primera puerta de la tumba, un contramaestre pronuncia el dramático mensaje: “Si ustedes cruzan este umbral desafiando el descanso de Tutankamón, sufrirán las mismas consecuencias que el canario”.

Los arqueólogos, más que hacerle caso les dio ganas de despedirlo y no le dieron la menor importancia. Así, junto a Evelyn, la hija de Carnarvon, y el egiptólogo Callender, quien realiza sus propias excavaciones cerca del valle de los reyes, donde está excavando Carter, entran en la tumba.

Los corazones desbocados y los ojos de los que allí estaban, vislumbran una primera cámara conteniendo un magnífico tesoro: un trono, estatuas, muebles, armas, figuras rituales, todo brillante por el oro y piedras preciosas. En otra cámara, recubierta de cerámica azul y oro, están confinados ¡el gran trofeo!, tres sarcófagos, encajados uno dentro del otro, la tumba Tutankamón. En una última cámara más hacia el fondo, contenía estatuas y cofres llenos de joyas.

Con este hallazgo Carter y Carnarvon acababan de realizar el descubrimiento arqueológico más importante de todos los tiempos: la tumba de un faraón sin ningún tipo de desperfectos, preservada de los saqueos milagrosamente durante milenios. Se calcula que Tutankamón, hijo de Akenaton, murió hacia el año 1335 A.C.

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