La muerte nunca pareció tan llena de vida, la bella durmiente
La muerte, la gran temida por el hombre a lo largo de la historia de la humanidad, siempre se la ha venerado con respeto y desde tiempos inmemorables se han realizado un sin fin de rituales para honra a los seres queridos, con la esperanza de que existiera algo más allá de la muerte o simplemente como una despedida a un ser que tanto ha significado para nosotros.
Existe un lugar famoso y visitado por muchos turistas atraídos por un ritual postmortem del todo impresionante. Son las llamadas Catacumbas de los Padres Capuchinos, en Palermo (Sicilia).
Un lugar no apto para sensibles o cardíacos, en su interior las catacumbas acogen un sin fin de momias, dispersadas de las más imaginativas formas, de pie, acostadas, colgadas de las paredes o en vitrinas, del todo espeluznante.
Por si fuera poco el ambiente acompaña, a las ya de por si tétricas imágenes se añade el olor a podrido, la deficiente iluminación y la falta de limpieza. Haciendo imposible que la gran mayoría de turistas logre acabar el recorrido por todos los túneles.
Los inicios de estas catacumbas únicas en su especie, se remontan a finales del siglo XVI, como una solución para colocar los cuerpos de los numerosos frailes que fallecían. Con el tiempo, se paso poco a poco a añadir junto con los cuerpos de religiosos, también cuerpos de gente normal y corriente, hasta el punto que se tuvieron que ir ampliando.
Se distinguen galerías exclusivas para: varones, mujeres, novias, niños, profesores, abogados, etc.… todo un auténtico museo de féretros.
Entre los cuerpos más antiguos que se conserva, es el de 1599, cuando los sacerdotes locales momificaron el cuerpo de Hermano Silvestro de Gubio, un monje.
Lejos de ser todo horrendo y dar grima, hay un cuerpo que nos sobrecoge por su estado de conversación que sin exagerar parece que este simplemente dormida, es el caso de la pequeña Rosalía Lombardo, fallecida en 1920 y aún así parece que su vida es eterna. Sin duda una obra maestra cargada de ternura, inmortalizando a una pequeña niña, seguramente quien lo hizo fue recompensado por los padres de una manera o otra.
No se sabe muy bien la técnica utilizada para momificar tan perfectamente a la niña, lo único que se sabe es que se utilizo algún compuesto químico inyectable y que quien lo hizo sin desvelar el secreto fue un médico palermitano, llamado Solafia.
Tan solo hay que mirar la cara de Rosalía, para cambiar totalmente la concepción que se tiene ante la muerte, sobrecoge.
Foto vía: samp60






